domingo, 21 de abril de 2013

La familia constituye el Lugar Donde Los Seres Humanos aprendemos a relacionarnos con los Demás e incluso con UNO Mismo. La agresividad de COMO Conducta en MUCHOS de los Casos, corresponde a Una característica aprendida desde pequeños en el Hogar, ya Que Las Relaciones Que Se dan y los comportamientos presentados Por La Familia, ejercen Una Influencia EN SU Generación y Mantenimiento.

 
La Conducta agresiva sí caracteriza por:
• Gritos.
• Molestar a Otros Integrantes de la Familia.
• Mostrarse iracundo o resentido.
• Pleitos.
• Accesos de cólera.
• DEJAR de hablarle al Otro o los Otros.
• Actos de desobediencia ante la Autoridad y las Normas Sociales.
• Amenazas verbales Físicas y.
• Daños Materiales a Cosas.
• Deterioros EN LA ACTIVIDAD ACADEMICA POR Social y episodios de rabias.
• Discusiones con las personalidades cercanas o de la Familia.
• Forzar Situaciones Económicas.
• Relaciones Sexuales FORZADAS.
 .
CONDUCTA VIOLENTA
 INTRODUCCION
No existe la "personalidad violenta", como entidad "aislada" en ningún manual de clasificación de enfermedades mentales, si bien es verdad que la "violencia" como efecto y/o causa de daños físicos y psíquicos en las personas, es un fenómeno que nos intriga de una forma progresiva a prácticamente todas las disciplinas científicas de nuestro ámbito cultural.
La violencia en sí es un fenómeno multidimensional y admite escasas generalizaciones. Si lo que se sabe de las víctimas de la violencia es muy poco y no se encuentran estudios sistemáticos hasta los años 70, el interés científico por los perpetradores de todo tipo de violencia sí ha sido un hecho investigado en sus diferentes vertientes: biológica, sociológica, antropológica, histórica, etc; fundamentalmente a partir de la Segunda Guerra mundial.
La primera premisa de la tendremos que partir es que desde la Psicología Clínica no existen "personalidades violentas", lo mismo que no podemos argumentar la existencia de "personalidades no violentas". En la realidad de nuestro conocimiento nos conformaremos con hablar de "conductas violentas", con independencia de que la aparición de la violencia sea más probable en personalidades con unos determinados rasgos y/o patologías concretas.
 Hay que empezar aclarando que un niño puede ser agresivo, sin ser violento, aún cuando estos dos aspectos están íntimamente relacionados.
Podríamos decir que la agresividad es una actitud y la violencia es una conducta. Hay miradas o gestos agresivos que no acaban en una pelea o en una acción violenta. La pelea es la conducta violenta que manifiesta una agresividad no controlada.
También hay que mencionar que la actitud agresiva (de fastidio o de malestar) ante algo que deseamos y que por las causas que sea, no conseguimos, se puede considerar natural y sana. Eso implica que sentimos de forma correcta, que nos interesa conseguir ese objeto o llegar a esa meta y tenemos una disposición para lograrlo. El problema aparece cuando no “admitimos” ese impedimento y desarrollamos una conducta negativa (violenta) para conseguirlo.
No hay que olvidar cuando se analiza una conducta violenta la influencia que ejercen estos factores:
- la carga genética.
- la edad en la que se produce la conducta violenta.
- los modelos de influencia.
- el consumo de sustancias.
- la falta de reflexión.
- el no aprendizaje de habilidades correctas para la resolución de conflictos.
- la percepción errónea de la comunicación o acciones de los demás.
- que haya ocurrido cualquier hecho traumático.
- Lesiones neurológicas.
Independientemente de estos factores, podemos decir que la conducta agresiva posee 2 componentes principales: la frustración y la defensa.
La frustración adaptativa es la capacidad de asumir, psicológicamente, de forma correcta que no podemos conseguir algo, o hacerlo en el momento que lo deseamos.
Un niño con poca tolerancia a la frustración mostrará una actitud agresiva para conseguir su objetivo; a menos tolerancia a la frustración mas agresividad y por lo tanto, mayor probabilidad de desarrollar una conducta violenta.
Ejemplo: la pataleta ante un juguete que no se le compra. La pataleta de un niño con baja tolerancia a la frustración será mas intensa que la de un niño que tolere mejor la frustración. Es más fácil que los niños con baja tolerancia desarrollen una conducta violenta: pegar, insultar, autolesionarse, tirar cosas, etc.
Por otro lado, el componente defensivo de una situación determinará también la intensidad de esa actitud agresiva.
Si el niño percibe una orden, una norma o una petición como ofensiva (que le “ataca”) su actitud agresiva y posible respuesta violenta estará determinada como defensa ante esa “agresión”: pegar, insultar, romper cosas, etc. También hay que aclarar que la defensa ante una agresión es una respuesta natural (instintiva) de protección. El problema surge cuando se utiliza la violencia como respuesta ante algo que no es un “ataque” o lo hago de manera desproporcionada.